lunes, 26 de septiembre de 2011

¿Quién mato el Amor?

Hubo una vez en la historia del mundo un día terrible en el que el odio, que es el rey de los malos sentimientos los defectos y las malas virtudes, convocó a una reunión urgente con todos ellos. Todos los sentimientos malos del mundo y los deseos más perversos del corazón humano llegaron a esta reunión con curiosidad de saber cuál era el propósito.
Cuando estuvieron todos habló el odio y dijo: “Los he reunido aquí a todos porque deseo con todas mis fuerzas matar a alguien”.

Los asistentes no se extrañaron mucho pues era el odio el que estaba hablando y  él siempre quiere matar a alguien, sin embargo todos se preguntaban entre sí, quien sería tan difícil de matar para que el odio los necesitara a todos.

“Quiero que maten al amor”!, dijo. Muchos sonrieron malévolamente pues más de uno le tenía ganas.

El primer voluntario fue el mal carácter, quien  dijo: “Yo iré, y les aseguro que en un año el amor habrá muerto, provocaré tal discordia y rabia que no lo soportará”.
Al cabo de un año se reunieron otra vez y al escuchar el reporte del mal carácter quedaron muy decepcionados: “Lo siento, lo intenté todo pero cada vez que yo sembraba una discordia el amor la superaba  y salía adelante”.

Fue cuando muy diligente se ofreció la ambición que haciendo alarde de su poder dijo: “En vista de que el mal carácter fracasó, iré yo. Desviaré la atención del amor hacia el deseo por la riqueza y por  el poder, eso nunca lo ignorará”.

Y empezó la Ambición el ataque hacia la víctima, quien efectivamente cayó herida, pero  después de luchar por salir adelante, renunció a todo deseo desbordado de poder y triunfó de nuevo.

Furioso el odio por el fracaso de la ambición envió a los celos, quienes, burlones y perversos inventaban toda clase de artimañas, situaciones para despistar al amor y lastimarlo con dudas y sospechas infundadas.

Pero el amor confundido lloró, y pensó que no quería morir y  con valentía y fortaleza se impuso sobre ellos y los venció.
Año tras año, el odio siguió en su lucha enviando a sus más hirientes compañeros, envió la frialdad, el egoísmo, a la indiferencia, la Pobreza, la enfermedad y a muchos otros que fracasaron siempre, porque cuando el amor se sentía desfallecer tomaba de nuevo fuerza y todo lo superaba.
El odio convencido de que el amor era invencible les dijo a los demás: “Nada que hacer. El amor ha soportado todo, llevamos muchos años insistiendo y no lo logramos”.

De pronto, de un rincón del salón se levantó un sentimiento poco conocido y que vestía todo de negro con un sombrero gigante que caía sobre su rostro y no lo dejaba ver, su aspecto era fúnebre como el de la muerte: “Yo mataré al amor, dijo con seguridad. Todos se preguntaron quien era ese que pretendía hacer solo, lo que ninguno había podido.

El Odio dijo: “Ve y hazlo”.

Tan solo había pasado algún tiempo cuando el odio volvió a llamar a todos los malos sentimientos para comunicarles después de mucho esperar que por fin el AMOR había MUERTO.

Todos estaban felices pero sorprendidos. Entonces el sentimiento del sombrero negro habló: “Ahí les entrego al amor, totalmente muerto y destrozado” y sin decir más se marchó.

¡Espera! Dijo el Odio, en tan poco lo eliminaste por completo, lo despedazaste y no  hizo el menor esfuerzo para vivir.

¡Quién eres? El sentimiento levantó por primera vez su horrible rostro y dijo SOY LA RUTINA.

Que nuestros malos sentimientos, defectos y malas virtudes no nos quiten o maten ese amor que hay en el fondo de nuestro corazón y que cada día sale a  través de una sonrisa, una mirada, una palabra. 
Cada acto debe ser diferente y así la rutina no se apodere de nuestro ser.